Relatos BDSM: El Pacto

Relatos BDSM: El Pacto

Uno de los conceptos fundamentales en los juegos de dominación y sumisión que me gusta practicar es el del pacto o acuerdo.

En lugar de un contrato a largo plazo, algo común en las relaciones amo/sumisa estándares, mi idea es la de un contrato a tiempo parcial para un determinado encuentro.

Este acuerdo desdibuja las líneas de sumisión y dominación, dándoles un contenido muy interesante. En él deliberadamente busco arriesgar, siendo posible que me vuelva a casa sin el sexo que podía haber conseguido de una forma tradicional.

Una vez llegué a un pacto con una chica que conocí en Internet: Tuvimos una primera cita que fue muy bien y donde nos gustamos pero de la que ella salió sin saber siquiera mi nombre.

Lo habitual en Internet es que conozcas el nombre del otro y luego te decepciones con una cara que en nada se parece a las de las fotos que ya habíamos visto. En este caso ella sabía casi todo de mí menos algo tan básico como mi nombre real.

Tras esta cita de contacto empezamos a hablar de la siguiente y llegamos a uno de estos pactos: nos veríamos de nuevo para acostarnos juntos pero ella no sabría mi nombre hasta después de que la hiciera mía.

Si hubiera querido tan sólo acostarme con ella podríamos haber quedado sin más historias. Pero deliberadamente quise aumentar la intensidad del encuentro. Para ella habría un aspecto sucio y sumiso en el hecho de estar acostándose con un hombre del que no sabía ni su nombre. Quería que viviera esa sensación de polvo rápido con un desconocido, aunque para nada lo fuera.

Como véis en este caso, el acuerdo no busca un intercambio de ventajas, sino aumentar el alcance de la experiencia. La dominación se realiza en el plano mental, dejando a la mujer en un plano sumiso: acepta un encuentro en el que no tiene todo lo que desea.

Este acuerdo convertía nuestra segunda cita, de otro modo intrascendente, en un juego con un toque más perverso.

El pacto va en los dos sentidos y es una cuestión fundamental de confianza que se cumpla por ambas partes. No hacerlo invalidaría cualquier otro pacto que se quisiera hacer en el futuro, eliminando mucha diversión de los encuentros.

Otro ejemplo de pacto que me encanta es el del monopolio del sexo oral. Le doy a la mujer la opción de elegir entre que yo le haga sexo oral o sea ella la que me lo haga a mi. La clave está en que sólo podrá ocurrir una de las dos cosas.

Aquí de un plumazo arriesgo a perder la opción a que me hagan una mamada. Pero al precio de multiplicar el efecto de la misma, en caso de que ella decida esa opción. Es un riesgo que merece la pena correr.

Además, una verdadera sumisa tendrá una muy complicada elección, la mayoría preferirá hacer una mamada a que le coman el coño, pero mentalmente es duro tener que tomar la decisión donde claramente está mostrando sus gustos sexuales.

Si por ejemplo la sumisa decidiera que quiere una buena comida de coño y, al terminar, tratase de devolver el favor, es fundamental mantener las reglas iniciales, por mucho que uno esté deseando lo contrario. De lo contrario se habría convertido en un simple brindis al sol. En el próximo pacto la sumisa sabrá que no se va de farol y vivirá la elección con aún más intensidad.

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El autor

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